Es la relación que mantiene el gerente general con clientes, proveedores, bancos, empleados, comunidad, gobiernos (nacional, de otras naciones, provincial, municipal).

Las mencionadas fuerzas, en algunos casos son competencia de la empresa, en otros casos, influyen porque proveen un marco legal y reglamentario, pero en ningún caso son neutrales a los objetivos de la empresa.

El gerente general debe procurar una clara posición frente a estas fuerzas, para obtener el máximo de independencia de acción y, como consecuencia, lograr mayor movilidad. 

Por ejemplo, respecto a los bancos, significa tratar de ser lo más autosuficiente posible, buscando financiarse con fondos generados por la propia empresa. 

En el caso de proveedores estratégicos, tener diversificados los insumos clave para reducir los riesgos de caer en manos de un oligopolio. En caso de la política de stocks de productos e insumos, tener solo lo necesario para abastecer correctamente cada área y al cliente en particular, disminuyendo la inversión en capital de trabajo.

Existen grandes empresas que tienen inmovilizada una gran cantidad de mercaderías que no pueden vender.  Esto le resta movilidad. 

El tamaño de una empresa no es determinante en cuestiones como:  tener stock en exceso o desbalanceado,  no disponer de dinero para afrontar los pagos a proveedores, no tener desarrollada una buena cartera de proveedores que cumplan normas internacionales (ISO 9000, etc),  un control adecuado de la cantidad de productos que se vende, una política de precios rentable, de acuerdo con el mercado y la competencia, etc.